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Crisis habitacional en Chile: un problema que afecta tanto a chilenos como a migrantes

Nacional

Articulo por:

Fernanda Serra

Chile atraviesa uno de los problemas habitacionales más grandes de las últimas décadas. La falta de viviendas dignas, el aumento sostenido de campamentos y los altos costos de arriendo han dejado a miles de familias sin soluciones habitacionales estables. Si bien parte del debate público asocia este problema al aumento de la migración, los datos muestran con claridad que se trata de un problema que viene de mucho antes y  que afecta tanto a chilenos como a migrantes, con un impacto especial en la niñez.

Más de 120 mil familias en campamentos Chilenos y migrantes en la misma situación

Según el último Catastro Nacional de Campamentos 2024–2025 de TECHO-Chile, actualmente existen en el país 1.428 campamentos, donde viven más de 120 mil familias, lo que representa al 2,1 % de todos los hogares chilenos. Además, el informe revela que entre 2019 y 2025, la población en campamentos aumentó en un 156 %. Solo entre 2022 y 2025 el aumento fue del 31 %.

Un fenómeno que ha crecido exponencialmente, y que refleja no solo el aumento de población migrante, sino también la precarización de la vivienda entre familias chilenas que, por diversas razones, han quedado fuera del acceso al mercado formal de arriendo o compra.

Chilenos y migrantes en la misma situación

Según el catastro, el 39,3 % de las familias que viven en campamentos son migrantes, lo que equivale a unas 47.391 familias. El 60,7 % restante corresponde a familias chilenas, es decir, la mayoría.

 En algunas regiones, sin embargo, la proporción de familias extranjeras es mucho mayor:

  • Tarapacá: 63,6 % de las familias en campamentos son migrantes.
  • Región Metropolitana: 61,5 % de las familias en campamentos son migrantes
  • Antofagasta: 59,9 % de las familias en campamentos son migrantes

La crisis habitacional es transversal, pero con diferencias según la zona del país. Mientras en el norte y en Santiago los campamentos tienen una alta presencia migrante, en gran parte de las otras regiones siguen predominando las familias chilenas.

Un déficit habitacional que no deja a nadie afuera

La raíz del problema es el déficit habitacional estructural que arrastra el país. Según cifras del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), en 2020 se estimaban 438 mil viviendas faltantes para cubrir necesidades básicas de familias allegadas, en hacinamiento o con casas en mal estado. Hoy esa cifra alcanzaría las 650 mil viviendas.

Además, entre 2011 y 2019, el número de familias en campamentos se duplicó, pasando de 27.000 a más de 47.000. Este dato demuestra que la crisis es previa y no causada por la llegada de migrantes, ya que el gran flujo migratorio recién comenzó a intensificarse en el año 2017.

También, la posibilidad de acceder a una vivienda propia se ha vuelto cada vez más lejana: mientras en 2014 casi la mitad de las familias chilenas (48 %) creía posible comprar una casa, hoy solo el 15 % mantiene esa expectativa, de acuerdo con los datos de la última Encuesta Bicentenario 2024 de la Universidad Católica.

A esto se suma el costo de los arriendos, según el informe Déficit y fragilidad habitacional. Encuestas Casen 2009 a 2022, un 81 % de los hogares de menores ingresos destina más del 30 % de sus ingresos al pago de arriendos, dejando muy poco para cubrir otras necesidades básicas como alimentación, salud o educación.

Si este gasto en arriendo se sumara a la forma en que el país mide la pobreza, la cifra oficial subiría del 6,5 % al 22,3 %. En otras palabras, miles de familias, chilenas y migrantes, caen en la pobreza por no poder pagar un arriendo accesible.

La crisis habitacional y su impacto en la niñez

Según un estudio realizado por Observatorio Niñez Colunga y Déficit Cero, más de 84 mil niñas y niños de 0 a 14 años viven en campamentos, uno de cada diez niños reside en viviendas con una materialidad deficiente y un 13% vive en situación de hacinamiento.

Además, un 26% de las niñas y niños que asisten a educación parvularia,no tiene una cama para su uso exclusivo y debe compartirla con otros miembros del hogar. El estudio muestra que los problemas habitacionales afectan con mayor fuerza a tres grupos: migrantes,  niñas y niños en zonas rurales, y la primera infancia, que concentra los mayores problemas habitacionales.

De acuerdo con el informe, las viviendas sin acceso a servicios básicos, con humedad, frío o hacinamiento, tienen mayor posibilidad de causar estrés térmico, enfermedades respiratorias y gastrointestinales, especialmente en la primera infancia. A ello se suma que el costo del arriendo y la inseguridad  generan estrés familiar, lo que impacta directamente en el bienestar emocional infantil. Además, el lugar donde crecen niñas y niños marca profundamente sus posibilidades de aprender y desarrollarse. El ruido constante y la falta de un espacio seguro para jugar o estudiar terminan afectando su concentración, su rendimiento en la escuela y, en definitiva, su calidad de aprendizaje. 

Desalojos y familias sin alternativas

El crecimiento de los campamentos también ha estado acompañado de desalojos forzosos. Entre 2022 y 2023, al menos 1.710 familias fueron desalojadas de campamentos, muchas de ellas chilenas, sin contar con soluciones habitacionales alternativas. Actualmente, más de 43.500 familias enfrentan riesgo de desalojo, lo que amenaza con agravar aún más la emergencia.

Los datos son claros, la crisis habitacional en Chile no es causada por la migración. Si bien la presencia de familias migrantes en campamentos ha crecido, la mayoría de quienes viven en estas condiciones siguen siendo chilenos. 

Desde Fundación Proyecto Amar Migrar recalcamos que reducir la crisis habitacional a un problema de migración es injusto. La solución requiere políticas inclusivas, que garanticen el derecho a la vivienda tanto para familias chilenas como para migrantes, y que fortalezcan mecanismos de acceso de arriendo o compra de viviendas a precios justos.