El pasado viernes 18 de julio, una tragedia sacudió a la comunidad de Rengo, Región de O’Higgins: una niña de apenas dos años falleció por asfixia al inhalar un globo mientras se encontraba en su jardín infantil “Pequeños Sueños”. La menor, hija de padres haitianos, murió en un contexto que hoy levanta graves cuestionamientos sobre los protocolos de seguridad en espacios educativos y la escasa visibilización mediática cuando las víctimas son niñas o niños de origen migrante.
Según los antecedentes, la niña estaba participando en una actividad al interior del establecimiento cuando, en un descuido, inhaló un globo de látex que terminó obstruyendo sus vías respiratorias. Aunque fue trasladada rápidamente al Hospital de Rengo, llegó sin signos vitales. El Ministerio Público instruyó diligencias a la Brigada de Homicidios de la PDI para determinar las circunstancias de su muerte y posibles responsabilidades institucionales.
Hasta el momento no se han informado sanciones ni medidas cautelares hacia el jardín. Y el caso fue reportado brevemente por algunos medios durante el fin de semana, pero no ha tenido seguimiento ni mayor cobertura.
Desde Proyecto Amar Migrar, nos duele no solo la tragedia, sino también el silencio. La vida de esta niña, ciudadana chilena e hija de padres haitianos, parece no haber merecido la atención que otras tragedias similares reciben en la opinión pública y en los medios de comunicación.
Los jardines infantiles deben ser espacios seguros, amorosos y cuidadosos. El hecho de que una niña pueda perder la vida con un globo dentro de un recinto educativo revela una grave falla en los protocolos de prevención de accidentes y en la supervisión del personal. Más aún, pone en evidencia la desprotección que enfrentan muchas niñas y niños de familias migrantes, quienes, en su día a día, ya enfrentan barreras lingüísticas, discriminación y precariedad.
En Chile viven más de 700.000 personas extranjeras, de las cuales muchas son familias con hijos nacidos en el país. Sin embargo, los hijos de migrantes —aun siendo chilenos— muchas veces sufren una doble invisibilización: por su edad y por su origen. Cuando sus vidas son interrumpidas por hechos tan dolorosos como este, la respuesta pública suele ser tibia o inexistente.
¿Cuántas muertes son necesarias para que los medios, las autoridades y la sociedad en su conjunto comiencen a poner en el centro la protección integral de todas las niñas y niños, sin distinción de origen, nacionalidad o color de piel?
Desde Proyecto Amar Migrar exigimos una investigación exhaustiva, justicia para la familia y la implementación de protocolos que garanticen la seguridad en todos los espacios donde niñas y niños pasan gran parte de su niñez. También instamos a los medios de comunicación a dar una cobertura justa y respetuosa, que no invisibilice las historias de quienes provienen de contextos migrantes.
La vida de esta niña no puede ser una estadística más. Su nombre, su historia y su dignidad merecen ser recordadas.