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Andrea Valenzuela, chilena viviendo en Canadá

Reportaje por:

Fernanda Serra

Andrea Valenzuela tiene 35 años y vive en Kelowna, en la provincia de British Columbia, Canadá, desde marzo de 2023. Aunque en Chile estudió Ingeniería en Marketing y trabajó en el área de marketing digital y luego en un banco, emigrar no fue por necesidad, sino por deseo de vivir nuevas experiencias. Ya había vivido dos años en Nueva Zelanda, donde se le “abrió la mente”, y siempre quiso trabajar en un país de habla inglesa. Eligió Canadá porque era el único país donde aún calificaba para la visa Working Holiday: “era la única visa que había”.

Adaptación, vida laboral y diferencias con Chile

La adaptación no fue fácil: vivir sola, enfrentar desafíos y tomar decisiones constantes la obligaron a reinventarse. A diferencia de Nueva Zelanda, esta vez llegó con mejor nivel de inglés, lo que le permitió avanzar rápidamente. Comenzó trabajando en una cafetería, pero en pocos meses consiguió empleo en un banco: “me dio el salto al tiro a trabajar en un banco”. Hoy trabaja en un banco en Canadá, donde abre cuentas, atiende clientes y estudia certificaciones financieras en inglés. Destaca que su trabajo actual le ha permitido crecer: “cada vez que avanzas, te toca más difícil, con más desafíos”.

Compara el ambiente laboral con Chile: siente que en nuestro país la gente es mucho más cálida y cercana, mientras que en Canadá las relaciones laborales son más frías. Sin embargo, valora el enfoque canadiense respecto al equilibrio vida-trabajo: “acá la cultura es mucho más de ‘no trabajes tanto, disfruta un poco más’”.

Sobre la salud, explica que es pública y gratuita para quienes trabajan y pagan impuestos, pero que las atenciones pueden tardar. Hace poco tuvo una complicación médica. Cuenta que tardaron cuatro meses en operarla. Si bien quedó conforme con la atención y la profesionalidad del equipo médico, de alguna forma resintió el tiempo de espera.

También explica que en Canadá no existe un sistema privado como FONASA o ISAPRE. Todo va por el sistema público y, si uno quiere, puede tener seguros complementarios por medio del trabajo.

En cuanto al costo de vida, afirma que la renta es muy cara y vivir sola implica un gasto elevado. Los sueldos son más altos que en Chile, pero la vida también: “la renta es cara, vivir acá es caro”.

Redes, comunidad y vínculos

Andrea trabaja con personas que solo hablan inglés, sin latinos en su oficina. Sin embargo, fuera del trabajo mantiene una vida social activa con chilenos y latinos. La comunidad se formó celebrando el 18 de septiembre, donde ella incluso ha organizado actividades: “hicimos todas las actividades, es una buena instancia para reunir a todos los chilenos”.

Es sociable y asegura que eso ha sido clave para sentirse parte del país: “creas comunidad”. Aun así, reconoce momentos de soledad, especialmente porque está soltera y muchas de sus amigas tienen pareja. Su forma de sobrellevarlo es mantenerse activa: sale con amigos, practica deportes y se mueve harto en actividades comunitarias.

Mantiene una relación cercana con su familia en Chile y pronto recibirá a su hermano en su primer viaje internacional. Aun así, ya no vive la nostalgia con dolor: ha sido independiente desde joven y siente que Canadá se ha convertido en su hogar.

Diferencias culturales y mirada sobre la migración

Andrea considera que Canadá ofrece seguridad y orden, algo que valora profundamente: poder andar sin miedo y hacer deporte tranquilamente. Practica mountain bike, corre y en invierno hace snowboard.

También observa aspectos negativos: presencia visible de drogas duras, dificultades de salud mental en la población y una falta de sentido comunitario en algunos casos.

Respecto al racismo, no ha vivido episodios directos, aunque reconoce actitudes impacientes o miradas cuando escuchan su acento: “la gente te mira a veces raro”.

Tiene una postura muy abierta frente a la migración:
“Soy de la idea de que el mundo debería ser un mundo libre. Todos tenemos derecho de vivir donde queramos”.

Perspectivas de futuro y aprendizajes

Andrea planea postular a la residencia permanente y quedarse en Canadá. Siente que el sistema de pensiones y las posibilidades laborales son mejores que en Chile. No piensa volver en el corto plazo.

Después de trabajar en Chile y conocer cómo funciona el sistema, Andrea siente que en Canadá tiene un futuro mucho más seguro. Explica que allá no depende únicamente de sus propios ahorros para la jubilación, porque el empleador también aporta a su fondo: “yo pongo 30 y el banco me pone 30”.

 A eso se suma la existencia de un fondo solidario al que contribuyen todas las personas que trabajan y que termina beneficiando a quienes permanecen muchos años en el país. Además, las empresas ofrecen seguros complementarios que también acumulan dinero para la vejez. Por todo eso, Andrea está convencida de que, si trabaja aquí durante 20 o 30 años, podrá tener una pensión firme y estable: “voy a tener un muy buen fondo de pensiones” “En Chile mi vejez sería más difícil.”

A quienes quieren emigrar les da un consejo claro:
“Lo que tú ya tenías en Chile, ya lo tenías. Lo que vas a descubrir en otro país nunca lo vas a ver si te quedas. Y si vuelves, vuelves a lo mismo que ya tenías.”

Su mayor aprendizaje ha sido crecer sola, lejos de su zona de confort:
“He aprendido a darme suerte, a valerme por mí misma. Se me abrió la mente.”

Para ella, vivir afuera ha significado independencia, madurez y una nueva comprensión del mundo: “el mundo es muy grande, uno no puede dar por sentado que no quiere conocer más”.