Elías Valdivieso tiene 29 años y pasó gran parte de su vida en Maipú, Chile. Fue una de las primeras personas que se unieron al Proyecto Amar Migrar, luego de que su amigo Diego lo convenciera. Así, Elias, quien estuvo tres años aproximadamente como voluntario, sería una pieza fundamental en los inicios de la fundación.
En su trabajo formal, se dedicó a la electricidad durante dos años hasta titularse de Ingeniería. Si bien ejerció su profesión, nunca fue algo que le apasionara. Su inclinación por esa carrera se debió a la remuneración que implicaba y a presiones familiares más que a una decisión personal.
“Tenía ganas de ver el mundo, de viajar, de conocer otras culturas, de experimentar mi vida”, detalla Elías. El proceso fue complejo, pero estaba la posibilidad: un amigo de él había vivido en Australia y tenía contactos. Así, comenzó a averiguar sobre la Working Holidays.
Ha tenido distintas labores en el país de los canguros, pero hoy trabaja para una empresa privada de residuos. El dinero que gana en una semana allá es similar a su sueldo de un mes como ingeniero en Chile. El sistema australiano le permite generar ahorros significativos, factor importante para poder cumplir su sueño de viajar y conocer el mundo.
Adaptación, vida laboral y diferencias con Chile
Al principio, cuando llegó a Australia, las diferencias entre la vida laboral de allá y la chilena fueron notorias. La calidad de vida y las condiciones socioeconómicas son mejores.
En Australia, los pagos son semanales. Para Elías, el ritmo de vida se siente más rápido, pero a la vez es más cómodo para organizarse. Es más fácil ahorrar y adquirir bienes.
La adaptación fue compleja, en un inicio, por el cambio de idioma. Con un inglés muy distinto al que él conocía. Tener que desenvolverse, resolver problemas, ir a entrevistas de trabajo, incluso, se hizo difícil.
Afortunadamente, Elías llegó con contacto de trabajo y hospedaje. Ese primer acercamiento fue crucial para desarrollar redes de apoyo más profundas en Australia.
“Sin una red de apoyo se hace mucho más complejo. Alguien a quien llamar familia es súper importante”, asegura el antiguo miembro de PAM.
Así, pudo tener una red de contención, considerando que estaba al otro lado del mundo empezando desde cero. Según su relato, la suerte lo acompañó apenas llegó al país de los koalas. Elías comenta: “Conocí a las personas indicadas y pude generar esta red de apoyo”.
Redes de apoyo, comunidad y vínculos
Su red de apoyo principal y comunidad con la que se desenvuelve es latina. Ha compartido con algunos chilenos, pero menos. Tiene dos grandes amigos; un argentino y un uruguayo, que han sido las personas con las que más se ha vinculado en Australia.
Sin embargo, ha conocido gente de muchos países jugando a la pelota.
Gente con distintos pensamientos políticos, con otra forma de ver la vida. Elías es selectivo con su entorno. “Alguna gente llega acá y se olvida de dónde viene”, por esta razón el chileno prefiere conocer gente por su propia disposición.
De esta forma, se ha integrado a una gran comunidad de hispano-hablantes. “Me imagino que pasa también en otros lados. Que te vas rodeando de gente que comparte ciertas cosas contigo y logras notar que hay gente linda en todas partes del mundo. Y que hay distintos pensamientos”, agrega.
Valdivieso declara que es una persona activa políticamente. “Me gusta compartir experiencias y situaciones. Entender lo que pasa en Argentina, Colombia, Ecuador, Chile… Así, te vas dando cuenta que todos tienen distintas historias y, abrir ese horizonte, te permite puro crecimiento. Hay una gama de colores inmensa”.
Diferencias culturales y mirada sobre la migración
Para Elías, no hay mucha identidad australiana; la cultura es muy occidental, consumista, y capitalista. A diferencia de lo que pasó en Sudamérica, en Australia no hubo mestizaje entre conquistadores y pueblos originarios, prácticamente hubo un exterminio. Los que quedaron, fueron desplazados al centro del país, a un sector difícil de habitar.
Australia es un punto donde convergen personas de todos los países del mundo. Hay gente de Europa, Sudamérica, Asia, Indonesia, Nepal, India, Irán, Afganistán, entre otros. Se vive la cultura de la multiculturalidad.
A diferencia de Sudamérica, donde cada país tiene sus costumbres, bailes, ceremonias y festivales, “no tienen música tradicional, comida típica o algo que tú digas característico de Australia”, aclara el ex PAM. “La gente en la mayoría son muy tranquilos, chill. La mayoría surfea o hace algún deporte, pero claro también es por el sistema del país. Económicamente es un país que está bien”, sostiene.
En ese sentido, los últimos años hubo algunas marchas anti-inmigración, Elías concluye que “es un fenómeno a nivel mundial. En general, la gente que yo he conocido es muy empática y está dispuesta a ayudarte”.
Perspectivas de futuro y aprendizajes
Elías piensa en volver a Chile. Lo cierto es que le gustaría quedarse en Australia. Sin embargo, es una misión difícil, debido al costo económico que conlleva. Su visa Working Holiday tiene fecha de expiración. De hecho, está en su último año. Elías reflexiona: “Me doy cuenta que la vida acá es mucho mejor que en otros lugares, mejor que en Chile y Sudamérica. Sobre todo, ahora que atravesamos momentos políticos complejos”.
La torta está mal repartida. Le gusta estar allá porque hay comodidad. “Yo no ando con miedo en la calle pensando que me va a pasar algo. No tengo ese temor de que no puedo llegar a fin de mes o que el sueldo se va porque tengo un montón de deudas. Acá puedes vivir tranquilo. Las condiciones socioeconómicas te permiten vivir cómodo. Lo que se esperaría de cualquier país”, advierte. Le gustaría moverse a otros lugares.
En cuanto a aprendizajes, ha crecido un montón. Elías Valdivieso se fue solo a otro país, dejó a su familia, a sus amigos y su estabilidad. Salió de su zona de confort y se arriesgó a vivir una experiencia completamente nueva.
Cree que “Sin duda, el migrar y exponerte a vivir una situación de incomodidad, te entrega muchas cosas lindas. La incomodidad es un gran motivo para moverse”, además asegura que si bien tuvo mucho miedo antes de viajar, y llegando a Oceanía, “el miedo no tiene que ser un impedimento. Tiene que ser una motivación porque lo que hay al otro lado del miedo; es aprendizaje, experiencia, cosas lindas, gente linda”.
Conocer gente de varias partes del mundo, le ha hecho tener grandes amigos que le han abierto puertas. “Es lindo experimentar, vivir y poder, tú también, abrir puertas en otros lugares”, expresa Elías.
Tiene varios amigos franceses, cuenta que antes siempre decía: Ah, ¡ni ahí con Francia! y ahora le dan ganas de ¡hasta aprender francés! De ir para allá… “te vas dando cuenta que el mundo es mucho más grande y hay muchas más oportunidades dando vueltas”, afirma. La desinformación y el miedo pueden contribuir a no querer salir de la zona de confort e impedir este tipo de vivencias.
“Yo sé que si vuelvo a Chile ahora, voy a volver más grande, más adulto. No solamente a sobrevivir, volvería con muchas más ideas de cosas por hacer”, comenta sobre su experiencia migratoria. Pero, sin duda, es un movimiento difícil que implica dejar de lado muchas cosas. “Es triste, al principio es súper triste, es duro, pero la recompensa que hay detrás es enorme”, aclara el chileno.
En su experiencia, migrar ha traído consigo grandes mejoras en su calidad de vida y crecimiento personal. Tiene una red de apoyo importante y, en sus palabras: “de aquí pa’delante es puro crecimiento”.



